SANTA SEMANA

La Semana Santa sólo es santa para los que se quedan crucificados en
casa aguantando la programación católico-familiar de las distintas
televisiones, que siempre por estas fechas nos retorna al pasado más
inamovible con películas de asignatura de religión como Ben-Hur, Quo
vadis, Los diez mandamientos y otras por el estilo. Para los sufridos
ciudadanos que permanecemos estos días en el hogar padeciendo como
verdaderos nazarenos. Los demás, los que se largan de vacaciones, van a
divertirse y a correrse unas alegres juerguecitas. De hecho la costa
mediterránea está a tope de marcha por estas fechas. Y no digamos las
famosas procesiones. No hace falta más que darse un paseíto matutino
por Sevilla, al día siguiente de una procesión, para comprobar el
estado de suciedad, sobre todo vasos de plástico y botellas vacías que
adornan el suelo de todo el recorrido. Vamos, que allí se ha bebido más
vino y cerveza que en una bacanal romana, y no acierta uno a distinguir
si lo acontecido ha tenido que ver en realidad con el fervor
procesional o con una movida propia de un multitudinario concierto de
rock and roll. Y es que si por algo nos distinguimos, y a mucha honra,
los habitantes del sur de Europa con respecto a los muermos del norte,
es porque somos capaces de convertir un entierro en un jolgorio.
Algunos nostálgicos del pasado, del paño morado y el rosario siempre a
mano, dirán que se ha perdido la seriedad que dominaba las vidas de los
ciudadanos y los acontecimientos religiosos hace unos años (cuando el
catolicismo era todavía operativo como poder político para la opresión
social), otros opinamos que afortunadamente el pueblo ha desdramatizado
la Semana Santa, y la mayoría de la población disfruta de los ritos y
las vacaciones sin que se le altere la sonrisa y sin vocación de
penitentes crónicos. Las procesiones tienen un indudable valor
sentimental, dramático, de representación, de teatro ambulante que
recorre pueblos y ciudades llenando las calles de tradición y
simbología. Pero aquella sensación de contagio colectivo con la
tristeza, de luto obligatorio al por mayor y melancolía extrema que
pretendían inculcarnos en tiempos pretéritos, ha sido sustituida por la
libertad individual de dejar una puerta abierta a la alegría. Y como el
pueblo es de natural alegre, ya tenemos una fiesta donde había un
dolor. Por eso tras el eco sombrío de las saetas resuena ahora la
música tecno-pop de las discotecas. Y la puritana mantilla da paso al
escueto bañador de media pieza en las nutridas playas del Mediterráneo
y Canarias.
Los únicos que llevamos con sufrimiento el capirote morado de la
penitencia y portamos con congoja las andas de la mortificación, somos
los que nos hemos tenido que quedar esta semana en casa viendo la
fúnebre televisión y sacando a pasear al perro.
Amado Gómez Ugarte

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despistada dijo
xDD el autospam al final? ;P Yo me tengo que quedar aquí estudiando, pero no por ello voy a ver pelis nazarenas ni del mandamientos, que para mandar ya tengo al jefe y cuando le escucho. :P
3 Abril 2007 | 01:19 PM