CORDURA
Cuando regresen de su vuelo imaginario
y descubran que no tienen alas,
habrán aprendido, al menos, a ser hombres.
Habrán aprendido que soñar despiertos
es como vivir dormidos,
y que la realidad, la pura y simple realidad,
ese maldito reloj que nos mata, que nos mide,
es el único poso que nos queda al final del camino,
porque el alma, eso que llaman alma, no existe,
como no existen los dioses ni los ángeles,
ni la fórmula mágica, ni la eterna juventud.
Por eso el pensamiento muere,
y tan sólo la materia de la que estamos hechos permanece…
Y, sin embargo, adoramos la mentira.
Queremos ser eternos, hermosos, únicos.
Por eso sigue habiendo gentes estúpidas e ilusas
que malgastan su preciado tiempo en escribir literatura.
En cambio, el río, que sí que es sabio,
se conforma con pasar de largo por el mundo,
adormecido en su propio rumor,
del que nacen los mares, las nubes y la lluvia,
mientras nosotros miramos a lo lejos
queriendo alcanzar lo inalcanzable,
queriendo olvidar que sólo somos tierra.
Amado Gómez Ugarte.
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